Cuando todo vuelve a la normalidad -la rutina de la casa, la lavadora, la secadora, los comentarios habituales-, no hay manera de asumir los días pasados desde una óptica real, pues lo real y lo normal se hermanan mientras lo distinto - dormir en otra cama, hurgar la maleta antes de bañarte- se idealiza por la sola presencia de quienes estuvieron allí contigo. La navidad da para esto y mucho más: da para volverte niña ansiosa por sus regalos, malcriada; da para abrazar a todo el mundo con la excusa de ir acumulando el cariño para el resto del año. También alcanza para volverte artificialmente melancólica y escribir cosas como éstas. Quizá ésta sea realmente la salida lógica del asunto: asumir mi normalidad con pereza, hambre biblio-cine-fílica, mientras intento traducir este sociego necio y medio autista en letras.
Esta plácida desidia
Cuando todo vuelve a la normalidad -la rutina de la casa, la lavadora, la secadora, los comentarios habituales-, no hay manera de asumir los días pasados desde una óptica real, pues lo real y lo normal se hermanan mientras lo distinto - dormir en otra cama, hurgar la maleta antes de bañarte- se idealiza por la sola presencia de quienes estuvieron allí contigo. La navidad da para esto y mucho más: da para volverte niña ansiosa por sus regalos, malcriada; da para abrazar a todo el mundo con la excusa de ir acumulando el cariño para el resto del año. También alcanza para volverte artificialmente melancólica y escribir cosas como éstas. Quizá ésta sea realmente la salida lógica del asunto: asumir mi normalidad con pereza, hambre biblio-cine-fílica, mientras intento traducir este sociego necio y medio autista en letras.